Síndrome de Indefensión Adquirida

El Síndrome de Indefensión Adquirida es el proceso que sigue una persona en un escenario de agresión continuada en el cual no concibe que la relación con su maltratador pueda ser de otra manera y se rinde a un estado que anula toda su capacidad de reacción. En el ámbito del maltrato doméstico, esta reacción psicofisiológica se denomina Síndrome de Adaptación Paradójica a la Violencia Doméstica (SAPVD) y es un término aplicado por Andrés Montero.

El síndrome APVD puede considerarse un mecanismo activo de adaptación a un entorno traumático para amortiguar y/o evitar los factores estresantes que influyen en la víctima y consta de cuatro fases:

§  Desencadenante, se produce cuando la mujer recibe la primera expresión de violencia física por parte de su pareja. Es probable que con anterioridad ya se hubieran producido episodios de maltrato psicológico y discusiones, pero se considera que la violencia física es el disparador del proceso porque rompe el espacio de seguridad y confianza y tiene un efecto traumático en la relación afectiva. La atención de la víctima se centra en descubrir los síntomas de una nueva amenaza y proveerse de recursos para neutralizarla. El miedo, la ansiedad y la sensación de pérdida generan un estrés que se añade a las emociones negativas que siente la mujer, a este cuadro hay que sumarle la desorientación que causa haber sido agredida por el hombre con el que se mantiene una relación afectiva.

§  Fase de reorientación. La agresión física ha generado una desorientación general en la que se instaura el miedo y la incertidumbre. El hogar es el entorno de seguridad donde se mantiene la identidad personal y, de repente, deja de ser un lugar donde sentirse a salvo. La pareja sentimental ha modificado completamente su definición y se ha convertido en una amenaza impredecible. El poder de un peligro incierto, junto al mantenimiento de la violencia en casa provocan un deterioro en la víctima, un estado de ansiedad permanente que podría derivar en un cuadro depresivo. Se produce una readaptación a las circunstancias y se crean recursos, que acaban siendo automáticos, para captar los estímulos amenazantes. Dado que las agresiones suelen tener una manifestación intermitente, la mujer se siente incapaz de manejar ese entorno hostil. En esta fase, la mujer manifiesta una tendencia a la autoinculpación, se sentirá culpable, buscará una razón que justifique las agresiones y pensará que el castigo pretende corregir algo que ella hace mal.

§  Fase de afrontamiento. La víctima dedica todos sus esfuerzos a lograr su integración en un nuevo escenario, es un proceso de ajuste individual que se ve afectado por el sesgo atencional y distorsionador de la realidad. El estrés avanza imparable, así como los sentimientos de culpa y vergüenza y un descenso drástico de la autoestima que favorece la docilidad, fomentando la incapacidad para adquirir recursos efectivos ante la situación. Las agresiones dosificadas en intensidad y tiempo son un agente desestabilizador que provoca incertidumbre. La mujer intenta anticiparse a los hechos, analiza escrupulosamente los indicios que acontecen a su alrededor, pero en su entorno traumático y paralizante los contornos se difuminan y las intenciones del agresor son impredecibles. La sensación de incapacidad, de pérdida de control, de indefensión, se traduce en una conducta pasiva y victimista.

§  Fase de adaptación. La mujer se somete a las condiciones externas y se adapta a la violencia de su agresor sin disponer de elementos fiables de juicio ni esperanza de cambio. A partir de aquí, la víctima buscará nuevas estructuras que le proporcionen estabilidad y equilibrio. Admite que el contexto hostil es independiente de los medios que ella pueda aplicar para modificarlo y desarrolla un vínculo paradójico con su agresor. A través de la identificación con su agresor, la mujer ensaya una especie de alianza con su pareja para intentar afrontar la espiral de agresiones, se trata de un recurso que nace de la base adaptativa y busca sobrevivir a las consecuencias negativas del entorno traumático. Para ello se crea un filtro selectivo que solo recoge las conductas positivas del agresor y valora especialmente los argumentos y momentos de arrepentimiento y reconciliación.

El Síndrome de Adaptación Paradójica a la Violencia Doméstica trata de explicar aspectos del proceso de malos tratos y se basa en el modelo teórico desarrollado por Montero para el Síndrome de Estocolmo clásico. En España no se han realizado investigaciones que aborden la presencia de reacciones paradójicas en las víctimas de violencia de género.

Comentarios