Nacida para la eternidad

Henrietta Lacks Foto: F. Casals
Henrietta Lacks nació Loretta Pleasant, no se sabe en qué momento de su vida cambió de nombre, pero su vida revolucionó a la ciencia.
Henrietta Lacks vino al mundo en Roanoke, Virginia (USA), en agosto de 1920 y murió en 1951. Un año antes de fallecer se le diagnosticó un cáncer de cérvix, un tumor que afectaba con virulencia a las mujeres nacidas a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX, según reflejan las estadísticas del proyecto Cancer Research UK. El doctor George Otto Gey se encargaba de dar tratamiento a la enfermedad de Henrietta y sin que ella lo supiera tomó muestras de sus células tumorales para analizarlas, pues crecían sin control al dividirse permanentemente. Hasta entonces no se había conocido un caso semejante, la células humanas se dividen unas cincuenta veces y estando en cultivo apenas permanecían vivas unos días. Una semana después de haber tomado la primera muestra, el doctor Gey recogió otra en la que las células no cesaban de reproducirse. Se halló así una línea celular inmortalizada de forma natural de la que los científicos han podido disponer muchos años.
En 1954 el investigador y virólogo norteamericano Jonas Salk ensayó en estas células la vacuna de la polio, fue un paso previo a su empleo en los años cincuenta como la primera vacuna efectiva y segura contra esta enfermedad.
Las células de Henrietta Lacks se encuentran presentes en miles de laboratorios y constituyen un tesoro biológico que posibilita el estudio de aspectos moleculares y procesos genéticos de las células humanas. Se estima que la donación de Henrietta ha proporcionado a la ciencia cerca de 20 toneladas de células que han generado alrededor de 11.000 patentes de todo tipo y en honor a esta mujer llevan sus iniciales: células HeLa.

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