Sexismo en Japón

Japón es la tercera economía del mundo, pero no por eso se salva de ser el país donde más desigualdad de género existe, y, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, esta situación tiende a ampliarse. En octubre, el informe anual del Foro Económico Mundial sobre brecha de género rebajó de categoría a este país en términos de equidad política y social del puesto 99 al 101, junto con Tayikistán y Gambia.
Hace 15 años, la profesora de sociología Yuko Ogasawara, de la Universidad de Nihon, en Tokio, publicó el libro “Mujeres de oficina y hombres asalariados”, en él describe la situación típica en una oficina en Japón, donde las mujeres deben realizan tareas administrativas y sirven té, mientras los hombres ascienden en la escala jerárquica.
También hay mujeres en cargos ejecutivos, que tienen más oportunidades de promocionarse en su trabajo, pero el 70 por ciento de ellas deja de trabajar al tener su primer hijo. Después de criar a sus hijos, a una mujer le resulta complicado reincorporarse al mercado laboral; la mayoría de los departamentos de recursos humanos rechazan a las mujeres si encuentran un vacío de 10 años en su currículum, pues para ellos significa que necesitan reciclarse, no están al día y, por tanto, no son aptas para ser contratadas.
Las mujeres que logran recuperar su actividad laboral, solo consiguen trabajos a tiempo parcial con un salario bajo, algo que a muchas compañías les resulta ventajoso y por eso quieren mantener el sistema tal y como está, pues disponen de mano de obra barata. Además, las empresas pagan salarios más altos a los hombres cuyas esposas no trabajan.
Al tener que elegir entre familia o trabajo, las mujeres se lo piensan antes de tener un hijo y así la tasa de natalidad disminuye y la población japonesa envejece. Otro problema añadido es la mentalidad tradicional de la sociedad. Una encuesta del gobierno, realizada el pasado diciembre, daba a conocer que el 51 por ciento de las personas entrevistadas piensa que las mujeres deben quedarse en casa y atender a la familia mientras sus maridos trabajan.

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