Laxmi

Laxmi tenía 14 años cuando en abril de 2005 un pretendiente frustrado le desfiguró la cara y parte del cuerpo. Se dirigía a una librería en Khan Market, una zona comercial en el centro de Delhi: "Crucé la carretera, andaba por la acera y de repente apareció una mujer. Me empujó contra el suelo y entonces arrojaron ácido a mi cara y se fugaron", recuerda Laxmi. "Nadie me ayudó, tuve tres accidentes con los vehículos que pasaban y no podía controlarme", narra la joven, ocho años después del dramático suceso. El hermano de una amiga suya se encaprichó con ella, le enviaba mensajes al móvil con peticiones de matrimonio, pero Laxmi no le hacía caso. Guddu, el pretendiente rechazado, recurrió a la ayuda de la novia de su hermano para vengarse.
Numerosas operaciones en ojos, orejas, cara, manos y nariz ha tenido que superar Laxmi. Su familia ha gastado más de un millón de rupias (16.600 dólares) en paliar las secuelas de las quemaduras producidas por el ácido, sin recibir ningún tipo de ayuda, y todavía le quedan pendientes más intervenciones. En la vida de Laxmi existe un paréntesis de ocho años, en los que ha estado sola, triste y sufriendo terribles dolores. Pese a todo, ha reunido el coraje suficiente para colaborar con Stop Acid Attacks, una asociación que intenta mejorar las condiciones de las víctimas y busca fondos para asesorarlas y asistirlas. Laxmi es ahora la cara de este colectivo. Entre sus demandas está exigir a las autoridades que regulen la venta de ácido, un producto muy accesible en la India y con un precio de apenas 30 rupias por litro (medio dólar) que suele utilizarse para limpiar retretes y tuberías. Ella se niega a llevar el rostro cubierto, quiere enseñarle a la gente los efectos de una agresión con ácido y espera que su actitud remueva las conciencias y fuerce un cambio en la sociedad.

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