Sueños rotos



Nada al Ahdal es una niña yemení de once años que, gracias a un vídeo impactante colgado en Youtube, explica que huyó a casa de su tío para evitar que sus padres la casaran. Expone la historia de su tía, obligada a casarse con catorce años y que, después de doce meses de infierno matrimonial, se roció con gasolina y se prendió fuego. También acusa a su familia de haber arruinado sus sueños: “¿Qué clase de persona trata a sus hijos así?”, se pregunta.
 
La historia de Nada al Ahdal es una más entre tantas otras, pues se calcula que cada día se venden unas 38.000 niñas para casarse. Una de cada siete niñas nacidas en los países en vías de desarrollo contrae matrimonio a los 15 años, habitualmente es vendida por su familia. Si esta práctica es terrible, en Egipto se ve agravada por otra variedad del matrimonio infantil: el temporal.  El turismo sexual aumenta en Egipto durante el verano y pese a ser ilegal, las leyes islámicas prohíben el sexo prematrimonial, se enmascara la prostitución de menores con un matrimonio que puede durar solo unos días.
Un estudio realizado por la Unidad Contra el Tráfico de Niños, del Consejo Nacional para la Infancia y la Maternidad, reveló que el 75 por ciento de los encuestados conocía casos de jóvenes que habían estado involucradas en este comercio. La mayoría consideraba que esta práctica iba en aumento. En estudio refleja que los matrimonios estivales cuestan entre 2.800 y 10.000 dólares (2.107 y 7.527 euros respectivamente), y las uniones que duran un día o dos cuestan como mínimo unos 115 dólares (86 euros).
Desde la caída del presidente Mubarak, la economía egipcia va de mal en peor. Aumenta el desempleo y los servicios públicos recortan sus prestaciones a los más desfavorecidos. Hay familias que viven en la miseria y dependen de estos contratos matrimoniales para subsistir, por eso presionan a sus hijas para que se casen. La explotación cometida por la propia familia es un dolor añadido a estas niñas.

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