La zona segura

Una persona que nunca ha sufrido maltrato difícilmente puede ponerse en la piel de una mujer maltratada. Incluso a ella le cuesta darse cuenta de que la maltratan. ¿Cómo es posible que se distorsione la realidad hasta ese punto? ¿Qué poder ejerce el maltratador sobre su víctima?
El supuesto poder es irreal, no existe, es tan solo una percepción de la mujer, que vive en la zona gris. Una zona desde la que no ve su zona segura, ni distingue la vida. Al otro lado están quienes intentan advertirle de los perjuicios que le acarrea la relación malsana que comparte con su verdugo.
La mujer maltratada tiene una visión desfigurada de las emociones, de los sentimientos, del afecto que la une al hombre que la agrede, del amor. Sus expectativas sentimentales la llevan a considerar los días malos como situaciones puntuales que no afectan a la relación, por eso no hay actitudes defensivas como respuesta.
En una relación de maltrato se necesita que cada miembro de la pareja tenga claro su rol, y el maltratador necesita anular al otro para poseer poder y el control. La vida jamás coincidirá con sus expectativas, provocando que reaccione a su frustración con brusquedad y violencia. Culpará de esta insatisfacción a su pareja, que haga lo que haga, nunca logrará resolver. El maltratador siente que no encaja en el modelo de vida que quiere, y poco a poco construirá un mundo paralelo que irá gobernando. Solo así, teniendo un microcosmos que domina y una víctima sometida, consigue tolerar su frustración.
Una persona maltratada, precisa de la aceptación de su maltratador. Ha llegado a una zona gris en un esfuerzo por mantener su zona segura, ha intentado comprender a su agresor, entender sus motivos, plegarse a sus exigencias, disculpar sus “malos días”. Ha revisado su propia conducta esforzándose por mejorar la calidad de la relación y, al hacerlo, se ha colocado en la frontera de las dos zonas. Está ahí porque la otra persona, desde su zona gris, no utiliza su esfuerzo para crecer, sino para ganar mediante el menosprecio del mismo. Pero desde la zona segura de la que parte ella, esta actitud perversa no se contempla, no tiene sentido, ni siquiera existe. De ahí que, sin darse cuenta, cuanto más se implica ella, más se introduce en la zona gris del maltratador.
No es fácil recuperar la zona segura, aunque lo más importante es saber que puede hacerse. Retroceder hasta el momento de la vida en que se estaba en esa zona, ayudará a reconocerla.
Título: La zona segura
Autora: Maribel Maseda
Editorial: Lid

Comentarios