El previsor femenino o cien carreras para la mujer

En la obra El previsor femenino o cien carreras para la mujer (1914), Aureliano Abenza destacaba que las profesiones “más accesibles al dominio de la Mujer en España”, eran las de: maestra y profesora, artista, anticuaria, archivera y bibliotecaria, avicultora y criadora de aves de corral, cocinera, comisionista, encajera y bordadora, escritora y publicista, estadística, floricultora, fotograbadora, fotógrafa, gorrera y sombrerera, institutriz, masajista, matrona, meteoróloga, panadera, peinadora, planchadora, platera, joyera y relojera, telefonista, telegrafista, restauradora…; es decir, todas aquellas que no estuvieran reñidas con la innata delicadeza que las caracterizaba.
El autor, dentro de un gran conservadurismo, manifestaba su posición respecto a las mujeres: “Han pasado ya los tiempos en que se creía que el papel social de la mujer era el de estar relegada en casa, dedicada solamente a lo fútil, y manteniéndola en una especie de secuestro o esclavitud doméstica. Diferencias hay, desde luego, entre la mujer y el hombre tanto fisiológicas como intelectuales y morales, pero no para prescindir de ella en lo que suponga aptitud para el desempeño de mil variadas ocupaciones de las cuales se les ha pretendido privar, más por egoísmo que por razones y motivos justificados”.
Corría el año 1914, el año en que comenzaría la Primera Guerra Mundial, y en España se iniciaba, con tímidos pasos, el camino hacia la conquista de los derechos y la igualdad de las mujeres. El recorrido no se detuvo hasta el final de la guerra civil española.

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