La atención a los dependientes, un asunto de mujeres

Cada año cientos de familias españolas ven cómo su rutina cambia porque han de convertir en prioridad el cuidado y la asistencia de una persona dependiente durante las 24 horas del día. Debido a los recortes en las medidas de apoyo y en la dependencia son, una vez más, las mujeres quienes asumen esta responsabilidad.
Antes de la crisis se habían consolidado políticas de apoyo que permitían, en cierta medida, compatibilizar la vida laboral con el cuidado de estos familiares. Pero ahora estos logros se han reducido de forma considerable al mermar las ayudas y precarizarse el empleo. La desigualdad laboral sigue siendo un hecho: la temporalidad se ha disparado entre las mujeres y los salarios y el reconocimiento de los empleos es mayor para los hombres. De ahí que cuando una pareja se halla en la tesitura de renunciar al trabajo para ocuparse de una persona dependiente, sea la mujer, en casi la totalidad de los casos, la que renuncie a su empleo.
Según el departamento de Igualdad de UGT, en el último año aumentaron en un 13% las mujeres que pidieron una reducción de jornada para atender a sus familiares.
 

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