Ser madre y militar, toda una hazaña

Las dificultades para conciliar vida familiar y profesional también se extienden al ámbito militar. Las mujeres que trabajan en el Ejército ven cómo a veces se incumple la normativa que reconoce su derecho a quedar exoneradas de la realización de guardias, servicios, maniobras o actividades análogas que interfieran con el disfrute de la reducción de jornada cuando han de ocuparse de sus hijos menores de doce años, y sus superiores apelan en demasiadas ocasiones a las necesidades del servicio, una excepción a la flexibilidad horaria, para modificar su jornada laboral, trastocando así la vida personal y familiar de las mujeres soldado.

La situación se agrava si tenemos en cuenta que, por lo general, un militar se halla desplazado, en una ciudad distinta a la de origen y, por tanto, carece de respaldo familiar o de una red social de amistades que faciliten con quién dejar a sus hijos pequeños.

Urge un cambio de mentalidad en las Fuerzas Armadas para que la conciliación no se equipare a un escaqueo y las mujeres puedan sentirse respaldadas cuando decidan ser madres, haciendo compatible su trabajo, su maternidad y su vida privada.

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