No pasa nada, era una puta

“Rubén Castro, alé, Rubén Castro, alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien”.
Las gradas del Benito Villamarín se tiñeron de vergüenza cuando algunos seguidores del Betis jalearon al futbolista Rubén Castro, acusado por la fiscalía de cuatro delitos de maltrato y uno de amenazas a su exnovia.
A nadie pareció que le repugnaran estos canticos de alabanza, pues nadie los acalló, no se produjo una respuesta espontánea de silbidos que tapasen las voces machistas, no hubo una intervención policial. El asunto ha quedado en una anécdota lamentable que se trató en las páginas de deportes.
Tan triste como este incidente ocurrido en un campo de fútbol es el reflejo de la sociedad que nos ofrece: personas que ante el maltrato a las mujeres callan o defienden y justifican este tipo de violencia. Si un hombre agrede a una mujer es porque ella se lo merece. Vivimos en una sociedad machista. Los datos lo avalan. Un 30% de los jóvenes de entre 12 y 24 años piensan así y opinan que la violencia de género es un asunto doméstico. Se mantienen estereotipos que hay que erradicar: Está bien visto que los hombres sean promiscuos, en cambio, si lo son las mujeres, son tildadas de putas. Las mujeres deben ocuparse del hogar, de los hijos y de los padres ancianos para que los varones puedan progresar en su vida profesional. Las mujeres tienen que hacer lo que les manden sus maridos o sus padres, ya que ellas no tienen derecho ni capacidad para decidir por sí mismas.
Después de tantos años de lucha por la igualdad, algo estaremos haciendo rematadamente mal pues no avanzamos, seguimos anclados en la Edad de Piedra.
 
*Los datos se han extraído del estudio “Jóvenes y género. El estado de la cuestión”, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, y de un estudio del CIS, realizado por encargo del Ministerio de Sanidad, para conocer cómo perciben la violencia de género los adolescentes y los jóvenes.

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