Guárdate tu piropo

No me visto para que me des tu opinión.
No me interesa saber si soy tu tipo.
No quiero escuchar tus comentarios sobre mi cuerpo.
No me abordes por la calle porque no te conozco.
No sueltes la primera burrada que se te ocurra cuando pase por tu lado.
No me hagas sentir incómoda.
Puedo aceptar que un amigo, compañero o conocido opine que estoy guapa, que el nuevo corte de pelo me sienta bien. También puedo encajar que me digan que parezco cansada o tengo mala cara. Pero no tengo por qué soportar las sandeces de un desconocido que se cree gracioso y con derecho a decirme un “piropo” que me ofenda.
“¡Bonitas piernas! ¿A qué hora abren?”. “A un cuerpo así me alistaba voluntario” y similares son una grosería no un piropo. ¿Te queda claro? Por eso, y ante la duda, no me digas nada. No te acerques a mí para soltarme “que bonitos ojos tienes” mientras me cortas el paso porque tu actitud me intimida. No me acoses ni me agradas verbalmente.
Quiero ir por la calle sin que me molestes.

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