Mujeres atrapadas

Hoy las mujeres parecen estar atrapadas por la necesidad de ser guapas, siempre jóvenes, desinteresadas, responsables, trabajadoras, elegantes y supermujeres. Solo hay que mirar una revista femenina, la televisión o una película para confirmar esto. Muchas mujeres piensan que deben serlo todo para el mundo, pero poco o nada para ellas mismas.

Hay una cosa que no logro entender. ¿Por qué le cuesta tantísimo a la mujer actuar de una manera que le sea favorable? ¿Por qué no se protege del abuso? ¿Por qué es tan “dependiente” y “masoquista”? Fijándome en la conducta de mujeres que conozco veo comportamientos y pensamientos adversos. ¿Por qué una mujer es incapaz de actuar en beneficio propio y se somete a situaciones degradantes o contraproducentes?

Con frecuencia, la mujer piensa y actúa de forma negativa debido a que, durante generaciones, la educación familiar que ha recibido, así como las pautas culturales de la sociedad en que vive, la predisponen a ello. Cuando la mujer actúa como el último mono, está haciendo lo que le han enseñado a lo largo de siglos; su pensamiento y sus actos funcionan con piloto automático. Los dictados culturales hacen que la mujer aprenda a amar, cuidar, limpiar, coser, planificar, comprar, hacer recados, administrar, guisar, entender, encargarse de la familia… Y que para ella su novio, su pareja, sus hijos, sus padres, sus amigos, su familia política, los vecinos, los compañeros de trabajo o las personas que se cruzan en su vida sean importantes.

Desde muy joven, y a lo largo de su vida, la mujer sufre dolencias físicas y psicológicas: desórdenes en la alimentación, problemas con su aspecto, depresión, inseguridad, adicción al trabajo, etc. que son la reacción a unos mensajes culturales y mediáticos negativos y tendenciosos. Aún hay más, la misma cultura que produce las condiciones para que aparezcan estas dolencias, castiga a las mujeres por padecerlas. Pudiera creerse que las mujeres de hoy se sienten libres de los condicionantes históricos, pero por desgracia los imperativos de la sociedad se han convertido en ideas y costumbres subconscientes a lo largo de los años, y ni siquiera las mujeres jóvenes con éxito y educación son inmunes a ellos.

Demasiado tiempo recibiendo mensajes negativos sobre quiénes somos, qué debemos o no hacer y cuánto valemos, han debilitado nuestro código de conducta y a diario nos menospreciamos y sacrificamos sin prestar atención a nuestras propias necesidades, deseos o incluso a nuestra salud. Sabemos que no somos libres cuando descubrimos que estamos trabajando demasiado y tratando de serlo todo para todos, pero pocas mujeres se sienten capaces de desvincularse de ese imperativo para ser lo que ellas quieren. Para ello es imprescindible que la imagen “deslumbrante” se desvanezca.

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