Muertas, no, asesinadas

La cifra aumenta cada mes, pero no le damos importancia: es otra mujer muerta, solo eso. La violencia contra las mujeres no nos alarma, en las encuestas ni siquiera se menciona como una de las preocupaciones de la sociedad. ¿Y cómo reacciona el Estado ante esta catástrofe? Se ríen los comentarios sexistas de los políticos, se suprime la Educación para la Ciudadanía, se modifica la Ley del Aborto, se recortan las ayudas a las mujeres, se responsabiliza a la víctima porque no denuncia su situación, se aplican parches, se perpetúa el machismo.
Las raíces del machismo crecen vigorosas, alimentadas por la pasividad de unos y de otros. Las relaciones de pareja se basan en un ejercicio de poder, el que detenta el hombre sobre la mujer. Las agresiones sexistas son el único crimen en que las víctimas sienten vergüenza y no quienes las perpetran. Las instituciones ocultan a las víctimas para impedir que los agresores, en libertad, puedan localizarlas. Algunos agresores utilizan a sus hijas e hijos como arma de presión y chantaje contra la mujer, llegando incluso a matarlos. La justicia defiende los derechos del padre maltratador, se opone a separarlo de sus hijos e hijas y propicia encuentros entre menores y asesinos potenciales.
Existe la idea de que el hombre maltratador no es normal, está enfermo. Es cierto, padece misoginia, es un machista. Y lo es porque la sociedad le induce a pensar que es superior las mujeres en general y dueño de la suya en particular. Mientras esto no cambie, las medidas que se adoptan contra los malos tratos fracasarán. El Código Penal no puede modificar una mentalidad afianzada durante siglos. Una agresión es un delito, es injustificable, y no debe achacarse o justificarse con argumentos como que la pareja estaba punto de separarse, tampoco debe contabilizarse a las mujeres víctimas de maltrato como muertas, su muerte ha sido un asesinato premeditado.
La educación de los jóvenes y la sensibilización social podrían prevenir las agresiones machistas, pero no basta con señalar el crimen si luego nos desentendemos de un asunto que nos atañe a todos.

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