Misoginia en la Iglesia

La Iglesia católica es misógina. Niega el sacerdocio a las mujeres y reserva a los hombres los cargos y las responsabilidades más altas. Antiguamente, las mujeres eran las encargadas de alquilar las sillas en las Iglesias, como en los paseos públicos, servían la mesa al cura, preparaban la decoración floral en las fiestas señaladas y si deseaban llevar una vida espiritual intensa, no tenían más remedio que ingresar en un convento, donde seguían dependiendo de un sacerdote que les administraba los sacramentos, consejos e instrucciones.
 
Su papel hoy es, más o menos, el mismo, con menos sillas y más catequesis, su tarea más importante se reduce a diversas actividades subalternas. Se les confía la dirección de los colegios femeninos, pero no son ellas las que determinan y orientan la enseñanza en su nivel superior. Además, ha sido preciso un concilio para consentirles un alma, pues antes la Iglesia no estaba muy segura de que la poseyeran. Aunque la Iglesia católica de hoy ha mejorado mucho su opinión respecto a las mujeres, todavía quedan rastros de su antigua desconfianza, muchas veces citada en un gran número de textos entre los que destaca la contundente aseveración de San Pablo que los resume todos: “Que la mujer, en la asamblea, se mantenga callada”.
 

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