Medea


Médée, Victor Mottez (1809–1897). Musée des beaux-arts de Blois
Pelias, rey de Yolcos, no había tenido hijos, por lo que ya anciano, decidió dejar el reino en manos de su sobrino Jasón. Pero antes de cederle el reino quiso que Jasón demostrara ser digno de esa corona y le encargó que fuera a Cólquide a dar digna sepultura a uno de sus antepasados y como prueba de su viaje regresase con el vellocino de oro, que este antepasado consagró a los dioses.
Transcurridos cuatro meses de viaje, la nave Argos, capitaneada por Jasón, llegó a las playas de Cólquide, cerca se encontraba la ciudad de Ea, gobernada por Eetes, el dueño del vellocino, que se negó a entregarlo a Jasón pues era el símbolo de su pueblo. Jasón suplicó ayuda a los dioses y Eros infundió en Medea, hija de Eetes, una pasión sin límites por Jasón, él juró a la princesa que jamás la abandonaría por otra. Medea era una hechicera y puso sus conocimientos al servicio de su amado para que se hiciera con el vellocino.
Jasón partió de Cólquide con el preciado trofeo, una Medea enamorada le acompañaba en el viaje de regreso, llevaba con ella a su hermano pequeño. El rey Eetes pensó que se trataba de un secuestro y envió a sus naves tras los argonautas. Ya casi los habían alcanzado en el rio Danubio, cuando Medea le propinó a su hermano un fuerte golpe en la nuca y lo asesinó delante de todos, luego troceó el cuerpo y fue arrojando los pedazos por la borda. La armada de Cólquide no podía dejar que los peces devorasen el cuerpo del príncipe y se detuvieron a recoger los pedazos, proporcionando así una enorme ventaja a los de Jasón.
Jasón y Medea fueron coronados reyes de Yolcos, y pasaron unos años de aparente felicidad, pero Jasón no terminaba de acostumbrarse a las bárbaras costumbre se su esposa. Cada vez que la veía en la mesa despedazando y comiendo un pez crudo, rememoraba el episodio ocurrido en el barco y veía a Medea descuartizando a su hermano, además el era un hombre de acción, acostumbrado a la aventura y necesitaba nuevos retos.
Jasón emprendió viaje y recorrió la costa griega. En Corinto pidió al rey la mano de su hija, estaba dispuesto a repudiar a Medea. Cuando la noticia de la boda llegó a Yolcos, Medea fingió dolor y empezó a llorar desconsolada mientras preparaba el equipaje para partir hacia Corinto en compañía de sus hijos, pensaba que al verla, Jasón cambiaría de idea y volvería con ellos. El día antes de la boda, Medea llegó a Corinto y se entrevistó con Jasón, recordándole su promesa de fidelidad. Mantuvieron una acalorada disputa. Jasón se mantenía firme en su idea de contrae un nuevo matrimonio y Medea se negaba a ser abandonada.
Jasón se preparaba para la ceremonia y los hijos de Medea fueron a los aposentos de su futura esposa con un regalo de boda. Era el vestido de novia que había llevado su madre al casarse con Jasón. La joven se puso el vestido y en cuanto este rozó su piel un fuego abrasador le quemó las entrañas. Su padre acudió a socorrerla y se quemó también. El fuego se extendió por el palacio y causó la muerte de los niños. Desde lo alto de la muralla, Medea disfrutaba de ese momento, hasta que dos monstruos alados portando un carro, recogieron a la princesa y la elevaron al cielo.

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