Un vestido dice mucho de la mujer que lo lleva

El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres, Simone de Beauvoir.
Cristina Pedroche dio la campanada y las campanadas de fin de año ataviada con un vestido transparente iluminado por cristales de Swarovsky. Las reacciones fueron inmediatas y hubo personas que no consideraron apropiado el atuendo. Ella salió al paso para dejar claro que nadie la obligó a vestir así, que fue una decisión personal.
En un país tan patriarcal como España, todos hemos mamado una cultura machista de la que intentamos deshacernos con mejor o peor fortuna. Cierto es que una mujer debe ser libre para ponerse lo que quiera, pero al elegir enseñar casi por completo su cuerpo desnudo se está exhibiendo como cosa. Porque a nadie le importaba el vestido, ni la profesionalidad de la presentadora o su inteligencia, ni si estaría atinada al contar los toques del carillón, la atención se concentraba en cada centímetro de piel que mostraba. Cristina Pedroche interesaba como objeto sexual.
Apelar a la libertad individual para exhibirse medio desnuda, pese al frio, es tanto como manifestar que las mujeres no somos libres en absoluto, que hemos interiorizado el credo patriarcal que nos divide en dos grandes grupos, que aceptamos ser un objeto para usar y poseer.

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