Años y daños

En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él. Margaret Thatcher

Un fantasma recorrió Europa en la Edad Media y Moderna, era la misoginia. Se minusvaloraba el saber de las mujeres y se afirmaba la inferioridad intelectual femenina. Debido a esta supuesta inferioridad, lo adecuado era que las mujeres se ocupasen de las tareas menos valoradas: las domésticas. También se destacaba su carácter voluble y poco fiable debido a su histerismo.

Se aceptó como verdad la inferioridad de las mujeres y esto propició que la mayoría de ellas fueran desterradas del espacio público, negándoseles la voz y la palabra. Solo algunas mujeres recibieron instrucción por pertenecer a familias pudientes o que no creyeron las razones que confirmaban su inferioridad.

Escribir ha sido para las mujeres una necesidad, la de hacernos llegar la visión del mundo que les tocó vivir y sus ideas. Cristina de Pizán, María de Gournay, Teresa de Cartagena o Isabel de Villena nos legaron su testimonio, se rebelaron contra quienes les atribuían una inferioridad y reivindicaron la educación como instrumento imprescindible para el progreso femenino.

Las mujeres de la Edad Moderna adquirieron un enorme compromiso social y se enfrentaron a innumerables dificultades, críticas, ausencia de reconocimiento… Buscaron un espacio para ser, común a todas las mujeres, sin embargo, nunca pensaron en reclamar unos derechos políticos y sociales.

Llego la Ilustración. El movimiento ilustrado con su tesis a favor de la libertad, el derecho natural, la universalidad, la razón… Y el Contrato, que siguió relegando a las mujeres. Las mujeres no son sujetos de razón, no poseen la ciudadanía. El nuevo orden social es una definición precisa de una sociedad patriarcal y Rousseau define el papel de la mujer respecto al varón: Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarlos cuando niños, cuidarlos para mayores, aconsejarlos, consolarlos, hacerles grata y suave la vida son las obligaciones de las mujeres en todos los tiempos, y esto es lo que desde su niñez se les debe enseñar.

A lo que Mary Wollstonecraft responde con su Vindicación de los derechos de la mujer (1792): ¿Quién ha erigido al hombre como único juez, si la mujer comparte con él el don de la razón? Un año antes Olimpia de Gouges había proclamado la Declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana, dando carta de naturaleza a las razones de la situación social y política de las mujeres y defendiendo el fin de las discriminaciones: Mujer, despierta, el rebato de la razón se hace sentir en todo el universo; reconoce tus derechos. El poderoso imperio de la Naturaleza ya no está rodeado de prejuicios, de fanatismo, de superstición ni de mentiras. La llama de verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y de la usurpación.

Tras la Revolución Francesa, en 1848, una segunda oleada revolucionaria se extiende por Europa, va de la mano de la ideología liberal. En América del Norte un grupo de mujeres y algunos hombres firmaban la Declaración de Sentimientos y Resoluciones de Seneca Falls. Es el primer manifiesto de un feminismo organizado. Esta Declaración hace un diagnóstico preciso sobre la situación de las mujeres y su discriminación, asimismo propone alternativas para sentar las bases de una nueva sociedad: DECIDIMOS: Que todas aquellas leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte o que la sitúen en una posición inferior a la del hombre, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y, por tanto, no tienen ni fuerza ni autoridad.

En la segunda mitad del siglo XIX y desde Inglaterra, un movimiento organizado de mujeres exigía derogar las leyes que les impedían disponer de sus propios bienes e ingresos. Pero el brote más reivindicativo acontece en las primeras décadas del siglo XX. El movimiento sufragista inglés estaba dividido. La Unión de Sociedades por el Voto de las Mujeres (NUWSS) que lideraba Millicent Garrett Fawcett y la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU) con Emmeline Goulden Pankhurst y sus hijas Christabel, Sylvia y Adela, defendían estrategias de actuación bien distintas. La NUWSS era más moderada y se movía dentro de un canon liberal. La WSPU apostaba por tácticas más agresivas: actuaciones violentas contra establecimientos públicos, asaltos a domicilios de algunos miembros del Parlamento y del Gobierno… Las autoridades intervinieron para frenar este tipo de actos y encarceló a las sufragistas, ellas se declararon en huelga de hambre en la lucha para que se las considerase presas políticas. En 1918, las mujeres inglesas consiguieron el derecho al voto.

Ese mismo año, en España aparece la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), liderada por María Espinosa de los Monteros y en 1919 la Marquesa del Ter pone en marcha y preside la Unión de Mujeres de España (UME).

Un año antes de que se aprobase en España el voto femenino, en 1930, María C. Fontao reivindica la igualdad en el artículo Habla la mujer asturiana. Ante un posible cambio, publicado por el diario El Noroeste, el 7 de mayo de 1930. «Se han dicho y se dicen todavía, acerca del movimiento feminista, infinidad de sandeces y de simplezas pues son bastantes los enemigos del feminismo, que lo son también de la galanura y son incapaces de refutar correctamente nuestras teorías».


Para neutralizar el poder masculino y sus privilegios, las mujeres han tenido que luchar y organizarse. Gracias a una esforzada labor, las mujeres hemos logrado derechos y equiparación con los varones. No se ha alcanzado la plena igualdad y estamos muy lejos de alcanzarla en los países más pobres del planeta. La lucha continúa.

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