No pidas perdón por todo

Perdone que le moleste, le dices a ese funcionario que está en la ventanilla precisamente para atender tus requerimientos. Disculpa que te interrumpa, dices en una reunión donde un tipo monopoliza la conversación y no hace pausas ni para respirar. Lo siento, replicas cuando alguien te empuja en la calle. Lo lamento, estoy resfriada y me ha dado la tos, argumentas ruborizada como si nadie más en el mundo tosiera. Quizás me equivoco, pero opino que… No, no es que seas educada y respetuosa con los demás, es que te puede esa inferioridad que te inculcaron desde pequeña.

Nuestras palabras expresan lo que pensamos lo que sentimos, la forma en que somos. Empezar las frases con una disculpa, pidiendo perdón o admitiendo una falta de valor a los argumentos que se exponen, no es un uso cortés de las muletillas ni ser modesta, representa una desvalorización sintomática que debemos superar, una inseguridad que nos delata. Además provoca una valoración desfavorable.


No se trata de olvidar las fórmulas correctas para relacionarse con los demás, sino de disculparse solo cuando haga falta y después de haber hecho algo equivocado.

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