Las beguinas

El movimiento religioso de las beguinas se inició, al margen de la jerarquía eclesiástica, a finales del siglo XII en Flandes. Las beguinas predicaban pese a la prohibición expresa de hacerlo y se extendieron por Europa hasta España. Vivían en casas, solas o en grupos, o bien en grandes beguinages, una ciudad dentro de la ciudad, que cerraba sus puertas al atardecer para volverlas a abrir al día siguiente, porque no renunciaban al mundo. Las que no disponían de patrimonio propio, trabajaban para ganarse el sustento, intervinieron en la vida social fundando las primeras escuelas para niñas; hicieron obras piadosas, como cuidar leprosos y enterrar a los ajusticiados, y aunque vivieran en los beguinages, podían trasladarse con libertad de uno a otro, peregrinar o abandonarlo a voluntad. Muchas de las místicas de la alta Edad Media pertenecieron a este movimiento que logró perdurar hasta el último tercio del siglo XX.

La jerarquía eclesiástica tardó siglos en hacerse con su control. La resistencia se cobró algunas bajas, como la de Margarita Porette, que murió en la hoguera en París en 1310. 

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