Te quiero, pero no tanto

¿El amor es pasional, posesivo, celoso, violento, ciego, lo perdona todo, es lo más importante, la mitad de una naranja, no tiene límites…? ¿El amor todo lo puede?

Los ideales y modelos del amor romántico nos inculcan unas ideas que, a veces, son muy perjudiciales: Sin ti no soy nada, fueron felices y comieron perdices, lo mejor de mi vida eres tú… Por desgracia, el amor no siempre va acompañado de una relación ideal. En ocasiones, el amor implica mantener una relación destructiva, la renuncia a ser uno mismo, sufrir cuando no somos correspondidos o cuando nos convertimos en víctimas de la violencia del otro…

El amor es un elemento positivo e indispensable en nuestras vidas. Aunque este sentimiento, idealizado, nos impide ver el daño que en ocasiones nos hace. Aceptamos su peor cara, no queremos ver lo negativo, pensamos que con esfuerzo lo conseguiremos, que cambiará algún día. El amor todo lo hace posible.

El concepto de pareja ha evolucionado. Los jóvenes ya no se ciñen al modelo de pareja tradicional, su compromiso no es de por vida, tienen relaciones más o menos duraderas con distintas parejas, no se casan para siempre. Sin embargo, el cine, la literatura y las canciones perpetúan el canon de pareja tradicional. El amor es eterno, pero las parejas no, por eso cada ruptura se interpreta como un fracaso.

Para un hombre la representación de pareja perfecta es una mujer que nunca le fallará y está disponible para él siempre. Para ella, pesa el miedo a la soledad, a tener alguna tara que la devalúe socialmente, de ahí que se renuncie a la propia vida para conseguir el amor.

El amor no debería ser lucha, ni riesgo, ni abdicación, sino una construcción en la que los miembros de la pareja suman esfuerzos, ponen ilusión y materializan un destino común.

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