Emma Goldman

Alguien dijo que requiere menos esfuerzo mental condenar que pensar.

Emma Goldman nació en Kaunas (Lituania), el 27 de junio de 1869, en una familia judía. Se negó a casarse cuando cumpliera los 15 años, tal y como estaba previsto, y al llegar a esta edad marchó con sus padres a San Petersburgo. Poco después emigró a Estados Unidos, allí  trabajó como obrera textil y se unió al movimiento anarquista por tener un ideario afín con sus ideas personales. Contrajo matrimonio con un inmigrante ruso, aunque su matrimonio fue breve, se separó diez meses después de la boda, pero siguió legalmente casada para no perder la nacionalidad estadounidense.

Se trasladó a vivir a Nueva York y su activismo anarquista se incrementó llegando a ser encarcelada en varias ocasiones. Se preocupó por la educación de los niños y defendió los métodos anticonceptivos. Activa militante anarquista, feminista y libertaria. Las autoridades no la perdían de vista, al finalizar cada acto público en el que participaba esperaba ser detenida, por eso llevaba siempre consigo un libro. Tras ser encarcelada por cuarta vez y deportada a Rusia, el presidente de Estados Unidos, Herbert Hoover, la calificó como una de las mujeres más peligrosas de América.

Goldman había apoyado a los bolcheviques, y la fuerte represión política y las condenas a trabajos forzados que siguieron a la Revolución de Octubre, consiguieron que ella, y numerosos anarquistas partidarios del pacifismo, renegaran de la ideología que con tanta pasión habían defendido. El socialismo decepcionó profundamente a Emma Goldman, tanto que abandonó Rusia y se instaló en Canadá. Esta decisión marcó un punto de inflexión en su vida. En Canadá dejó de soñar y, como ella decía: morimos cuando dejamos de soñar. Falleció en Toronto, el 14 de mayo de 1940, a los 70 años, dejando un legado de textos y pensamientos que la definen.

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