WAP

 


Tetas abundantes y culos gordos presentados de una forma burda y con pésimo gusto mientras suena el rap de la rapera Cardi B, WAP, en el que se habla de coños mojados, perras, pollas extragrandes y extraduras, de que él es un animal inferior. Pese a todo, no me extraña que la canción haya sido número uno en las listas de Spotify de Estados Unidos, sexta en todo el mundo, nominada a la mejor canción del verano por los MTV Awards. Hay gustos para todo.

Se supone que la canción va de mujeres empoderadas y libres, dueñas de su sexualidad. El macho dominante es un gatito sumiso al que se exige rendimiento sexual. Ahora es la mujer quien decide, la que domina. Se han vuelto las tornas. Es el fin del patriarcado. ¿De verdad?

Las mujeres recauchutadas que aparecen en el vídeo, entre ellas Megan Thee Stallion, Kyle Jenner y Rosalía, quieren gozar con el sexo, y eso está fenomenal, pero la forma en que se presenta en el vídeo reproduce estereotipos de los que el feminismo abomina: una mujer hipersexualizada, que se considera una puta y busca una paliza, que quiere ahogarse y prefiere el dolor, que reclama un gran camión para su pequeño garaje…, no me parecen muestras de liberación.

Se repiten los roles, pero a la inversa. Ahora ella es la que somete, la que exige, la que castiga. La mujer aparece como una mercancía vistosamente envuelta, sin identidad, pues se ha convertido en una muñeca de goma; se proclama puta, obviando la situación de maltrato y violencia que padecen las prostitutas; se asocia con las serpientes, símbolo de la tentación y el pecado; en el acto sexual ya no hay afecto ni sensualidad, se reduce a un simple mete-saca.

El videoclip me parece una estrategia fallida y hortera para defender la libertad sexual de la mujer.

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