50 Aniversario del manifiesto de las 343 zorras

 

Simone Veil

Es el 5 de abril de 1971, el Nouvel Observateur lanza una bomba y publica el Manifiesto de las 343 mujeres, titulado «Tuve un aborto», un manifiesto escrito por Simone de Beauvoir y firmado por reconocidas personalidades de la prensa, las artes y el cine, que exigían el libre acceso a todos los anticonceptivos y el aborto.

Hace cincuenta años, en Francia, 343 mujeres se atrevieron a manifestar públicamente que habían abortado. Las criticaron, las humillaron, las llamaron zorras, pero su gesto visibilizó el problema del aborto y contribuyó a que cuatro años más tarde se consiguiera su despenalización.

En el manifiesto se denunciaba que cerca de un millón de francesas abortaba cada año en la clandestinidad y poniendo en riesgo su salud y, en algunos casos, su vida. Se calcula que unas 5.000 mujeres fallecían como consecuencia de haber interrumpido su embarazo en estas condiciones. «Un millón de mujeres abortan cada año en Francia. Ellas lo hacen en condiciones peligrosas debido a la clandestinidad a la que son condenadas cuando esta operación, practicada bajo control médico, es una de las más simples. Se sume en el silencio a estos millones de mujeres. Yo declaro que soy una de ellas. Declaro haber abortado. Al igual que reclamamos el libre acceso a los medios anticonceptivos, reclamamos el aborto libre», escribió Simone de Beauvior.

A la semana siguiente, el semanario satírico Charlie Hebdo publicó en su portada un dibujo de Cabu y criticaba a los políticos varones con la frase: «Qui a engrossé les 343 salopes du manifeste sur l'avortement?» (¿Quién dejó preñadas a las 343 zorras del manifiesto sobre el aborto?). Este artículo acabó dando el sobrenombre al manifiesto.

La lucha continuó y las movilizaciones no cesaron. En 1974 Simone Veil ocupaba la cartera de Sanidad en el gobierno presidido por Valéry Giscard d'Estaing. El esfuerzo de Veil por sacar adelante el proyecto de despenalización del aborto fue titánico. Ciertos diputados no se privaron de lanzar contra ella insultos antisemitas, sexistas, groseros y repugnantes, como la intervención a gritos del diputado por La Mancha, Jean-Marie Daillet: «Supongamos que encontramos a uno de estos médicos nazis... que ha practicado tortura humana y vivisección. ¿Existe una diferencia de naturaleza entre lo que hizo y lo que se practicará oficialmente en los hospitales y clínicas de Francia?» Osar dirigirse en estos términos a una mujer marcada por los nazis con el número el 78651 nada más llegar a Auschwitz, fue de lo más ruin. Se habla de «embriones arrojados al crematorio». Católicos y fundamentalistas atacan a la «asesina». La fachada de su casa se llena de esvásticas. Está amenazada de muerte…

La noche fue larga en los agitados pasillos de la Asamblea Nacional. Simone Veil, exhausta, espera. Gracias a los votos de los partidos de izquierda, y cerca ya de las cuatro de la mañana, se aprobó el proyecto de ley con 284 votos y 189 en contra.

El 17 de enero de 1975, se promulga la ley que autoriza el aborto en Francia y que alterará profundamente las costumbres de la sociedad. El trabajo de Simone Veil será, desde ese momento, velar por la aplicación de la ley, trabajar por la anticoncepción y la información. Es una tarea interminable porque hoy, cincuenta años después, en Europa, la ley sigue siendo frágil y las mujeres deben garantizar su libertad de elección.



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