No es normal

 


A día de hoy, cuando escribo estas líneas, 19 mujeres han sido asesinadas en lo que va de año en España. Los últimos casos que más nos han impactado son los de las menores Rocío Caíz, de 17 años, madre de un bebé, descuartizada por su expareja, y los de las niñas Olivia y Anna, lastradas con un ancla para que sus pequeños cuerpos quedasen para siempre en las profundidades del mar y el delito cometido por su padre no llegara a conocerse. Una macabra forma de vengarse de la madre.

No todo han sido asesinatos, en los últimos días se ha condenado a un grupo de hombres acusados de violar a una chica porque no quiso bailar con ellos. El bailaor Diego El Cigala se defendía de una denuncia de maltrato interpuesta por su pareja alegando que «las mujeres siempre quieren dineros».

Pasados los momentos más álgidos de la pandemia, poco a poco, volvemos a «la normalidad», a ese machismo que mata e impide vivir en paz. El odio exacerbado hacia las mujeres, consideradas objetos que pueden poseerse, feminazis, histéricas, putas… se esconde tras los rostros de hombres aparentemente respetables. La tolerancia de la sociedad nos convierte a todos en cómplices culpables: a los que callan y sonríen ante los comentarios de un compañero de trabajo que presume de macho castigador, a quienes no dicen ni hacen nada cuando escuchan palabras de menosprecio e insultos de un hombre hacia su pareja. Quizás es nuestro propio padre el que trata con desprecio a nuestra madre y no sabemos reaccionar, o tal vez sea nuestro hijo el que visita un puticlub con sus compañeros para celebrar el fin de carrera.

Aún hay partidos políticos que niegan la evidencia, porque, sí, las mujeres sufrimos la violencia de los hombres, la violencia verbal, económica, física, sexual, psicológica, vicaria, el asesinato. Sí, nos matan. Y, tras siglos de letargo, estamos despertando. Por fortuna, no todos los hombres son iguales, los hay igualitarios, los hay que se avergüenzan de la conducta de otros de su género. Pero no perdamos de vista lo principal: el machismo pervive en nuestras mentes, en las de todos, hombres y mujeres. Habrá que librar una dura batalla para erradicarlo, pero esta es una batalla que no debemos perder si pretendemos avanzar como sociedad.

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