Somos culpables

Somos culpables. Los somos todos. No sólo es culpable el loco que un día, amparándose en la palabra amor, tuvo acceso a la vida de una mujer y la convirtió en su esclava. Es culpable una sociedad que alienta el machismo más irracional y sonríe cuando un varón con el cerebro en la bragueta alardea de hombría porque los tiene grandes y bien puestos. Es culpable la policía, que desde hace generaciones le dice a la mujer que dos bofetadas no son nada, que perdone al marido. Es culpable el sacerdote que escucha las confesiones de una víctima, le pide resignación y la engaña diciendo que cuanto más grande sea su infierno en esta vida, más grande será su dicha en la otra. Son culpables los vecinos de una mujer maltratada, que ven a diario sus hematomas, sus heridas, escuchan sus gritos, su llanto y nunca le han preguntado si necesitaba ayuda, porque en los asuntos privados de una pareja no debe meterse nadie. Es culpable la familia, que oculta su vergüenza y la justifica: es una buena persona, pero cuando bebe pierde la cabeza. Es culpable la Biblia, ¿no dice que las mujeres estamos para soportar la debilidad de los hombres? Son culpables los jueces, que perdonan, que dictan sentencias en masculino, que han convertido a la justicia en una culpa añadida para la mujer.

Mientras escribo esto, aquí en la casa de al lado hay una mujer asustada. ¿Tardará mucho? ¿Me pegará hoy? Dios mío, que no haya bebido. Si le pega hoy, le estaremos pegando todos. Si la mata hoy, la habremos matado entre todos.

A veces ella llora tanto como grita. Como grita nuestra conciencia cuando ella llora.

(A Cristina, madre de tres angelitos y esposa de un monstruo).

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