Sahar Gul, una joven afgana de 15 años, estuvo seis meses encerrada en un sótano porque se negó a prostituirse. Su marido, un soldado afgano que le dobla la edad, su cuñada y sus suegros pretendían ofrecérsela a los amigos de la familia obteniendo dinero a cambio de sus favores sexuales. Como castigo, Sahar recibió descargas eléctricas, palizas y le arrancaron el pelo y las uñas.
Ahora, desde su cama del hospital Wazir Akbar Khan de Kabul, la joven exige justicia. Su suegra y su cuñada fueron detenidas en el momento en que la policía rescató a Sahar de su casa, el pasado 27 de diciembre. Pocos días después, el 3 de enero, las Fuerzas de Seguridad también consiguieron atrapar a su suegro, que se había dado a la fuga el mismo día en que fue encontrada. Su marido, en cambio, todavía sigue en paradero desconocido.
Varias ONG vienen denunciado la situación de las mujeres en Afganistán. En el segundo trimestre de 2011, la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán registró 1.026 casos de violencia contra ellas, según datos de Intermón Oxfam. Además, la ley del Gobierno para la eliminación de la violencia contra la mujer, que tipifica como delito las bodas infantiles, sólo está en vigor en diez de las 34 provincias del país.

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