Casada con su violador

Según explica el diario Al Massae, el pasado sábado, Amina Filali, una joven marroquí de 16 años se suicidó tomando veneno para ratas, había sido obligada a casarse con su violador y estaba desesperada por el maltrato que le infería él y su familia política y por el rechazo de su padre a recibirla en casa.

La historia empieza hace un año, cuando la familia de la víctima interpuso una denuncia ante el fiscal general de Tánger acusando al agresor de violación sexual. Tras la mediación de unos conocidos de ambas familias, se decidió casar a la joven con su violador y para ello se contó con la autorización del juez. Este tipo de matrimonios es impuesto siguiendo la tradición que obliga a salvaguardar el honor de la mujer y "resolver" el daño causado tras la violación. Asimismo, según el código penal marroquí el violador queda exento de sanción si admite casarse con su víctima.

Sucesos como el suicidio de Amina no son excepcionales en el Marruecos rural, donde aún reside más del 40% de la población, pero no siempre trascienden. La muerte de Amina tardó tres días en ser recogida por un periódico. Los magistrados, muy conservadores, dan, sin embargo, su visto bueno a la mayoría de las solicitudes que reciben y estas van en aumento. En 2009, último año para el que hay estadísticas disponibles, recibieron 42.000 peticiones de derogación de la ley y accedieron a 33.253, un 8% más que el año anterior 2008. A pesar de que el reino alauí ha firmado multitud de convenios internacionales sobre los derechos de la mujer, las asociaciones feministas consideran que Marruecos vive una “regresión política y social”. Muchas temen que la llegada al Gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), islamista, suponga un paso atrás en sus derechos.

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