Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, oblata benedictina, era
doctora en Filosofía por la Universidad de Padua y había demostrado
sobradamente su cultura y su erudición en esta disciplina. Cuando se encontraba
ante el tribunal que la tenía que examinar para acceder al doctorado en
Teología, esta veneciana se echó atrás y renunció a la prueba: No puedo hacerlo, solo soy una mujer, se
disculpó. Corría el siglo XV.

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