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| Foto: Gervasio Sánchez |
¿Existe el amor
maternal? Es la obra de Elizabeth Bandiner en la que la autora trata del
mito del instinto materno y de los mandatos de género al respecto, que
surgieron con respuesta a la baja natalidad europea en el siglo XVII.
La misión de toda mujer, el mandato de la naturaleza que
debe cumplir, es crear buenos ciudadanos, sanos, cuerdos y autosuficientes.
Estas directrices surgen de las nuevas ideas que aporta la Modernidad y de los
propósitos decimonónicos que idealizan la maternidad. La idealización de la
“buena madre” implica la existencia de una “mala madre”, algo que contraviene
el mandato de la naturaleza. Nos encontramos ante una nueva dicotomía construida
por los hombres como fruto de la misoginia romántica: mujeres ideales y mujeres
censurables.
Con la aparición del psicoanálisis, surgen múltiples
escritos sobre cómo debe ser una buena madre, se designa el ser y el deber de
las mujeres y se trazan las pautas de su destino en la vida: la maternidad como
culminación de la feminidad. Sería la forma de compensar la falta de pene y de
admitir la propia inferioridad. También es el método por el que se refuerza el
patriarcado y la misoginia frente a la demanda, cada vez más firme, de derechos
por parte de las mujeres.
“Yo no rechazo la maternidad, dijo S. Beauvoir en 1984. Lo
único que pienso es que, hoy por hoy, es una curiosa trampa para las mujeres.
Por eso yo no aconsejaría a una mujer ser madre. Pero no hago juicios de valor.
Yo no condeno a las mujeres; lo que hay que condenar es la ideología que incita
a todas las mujeres a ser madres y las condiciones en que tienen que serlo”.
Para Simone de Beauvoir el instinto maternal, la vocación de ser madre, está
inculcada por la educación que reciben las mujeres y forma parte de una trampa
que incluye el matrimonio y la familia como mandato de género en cuanto a la
división sexual del trabajo.

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