En el año 1926, Freud hizo un descubrimiento importante
sobre la sexualidad femenina: “Hemos descubierto que la niña lamenta
grandemente la falta de un miembro sexual equivalente al masculino, se
considera disminuida por esta carencia, y experimenta un ‘envidia del pene’ que
da origen a toda una serie de reacciones femeninas características”*. Doce años después añade: “La niña, después de
un fracasado intento de emular al varón, llega a reconocer su falta de pene, o
más bien la inferioridad de su clítoris, sufriendo consecuencias definitivas para
la evolución de su carácter; a causa de esta primera defraudación en la
rivalidad, a menudo comienza por apartarse de la vida sexual en general”.
Freud es consciente de lo que significa para el ser humano
el hecho de no haber nacido varón. Su discurso homologa lo genérico humano con
lo masculino y lo diferente es considerado como su complementario. ¿Consideraba
“natural” el sistema de dominación masculina? Su consideración del clítoris
como un pene pequeño contradice cualquier conocimiento anatómico y fisiológico;
es de suponer que un científico no podía ignorar que son órganos diferentes.
Entonces, cabe deducir que el psicoanalista pretendía con sus afirmaciones dar
fuerza al sistema de dominación masculina imperante. Su perspectiva
psicoanalítica siempre tomó al varón como modelo y la mujer era una variante
inferior del ser humano. En su obra, Tres
ensayos para una teoría sexual, asegura que “para el niño es natural la
suposición de que todas las personas que conoce poseen un órgano genital exacto
al suyo y no puede sospechar en nadie la falta de este órgano”. Tiempo después
añade a sus aseveaciones una nota: “Las niñas, al igual que los niños, construyen
la teoría de que también la mujer tenía originariamente un pene, que ha perdido
por castración. La convicción a que luego llegan, de que la mujer no posee pene
alguno, deja al individuo masculino, con extraordinaria frecuencia, un duradero
menosprecio por el sexo contrario”. Estos pensamientos propician teorías como la
de la mutilación femenina o el complejo de castración, contribuyendo
a asentar un pensamiento masculino sobre la sexualidad humana.
Cuesta creer que Freud no supiera que el clítoris es un
centro de placer sexual, mientras que el pene es un órgano que tiene la
capacidad de evacuar orina y semen. Cuesta creer que los varones, durante su
etapa adulta, no llegasen a tener un conocimiento de las características
anatómicas femeninas que les hiciera plantearse siquiera que las afirmaciones
de Freud se cimentaban en una perspectiva sexista cargada de prejuicios. Cuesta
creer que los varones negasen la evidencia a no ser que lo hicieran por
fidelidad a un colectivo dominante que necesitaba el aval científico para
perpetuar sus privilegios.
*Análisis profano. S. Freud, 1926.

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