El pasado 16 mayo, la Casa
de los Sueños de Barbie abrió sus puertas en Berlín. Decenas de personas se
manifestaron en contra de una muñeca que, consideran, incita a centrarse
excesivamente en la apariencia de las mujeres, fomenta los trastornos
alimenticios en niñas y adolescentes y es sexista.
La casa de Barbie mide unos 2.500 metros cuadrados y está
fabricada con plástico rosa, es una representación real de la casa de juguete,
que permite recorrer un enorme vestidor en el que abundan cinturones, pañuelos
y joyas; un cuarto en el que se guardan decenas de pares de zapatos o el
dormitorio, presidido por una gran cama y donde no faltan el tocador y los
utensilios de peluquería. Probarse de forma virtual los vestidos de Barbie, preparar magdalenas virtuales o
pintar y diseñar los próximos vestidos de la muñeca son otras de las
posibilidades que ofrece la casa.
Las niñas están encantadas con la casa de su muñeca
favorita, pero para Stevie Meriel Schmeidel, presidenta de la asociación Pinkstinks de Alemania, es la forma de
potenciar la belleza y la moda lo que hace de la Casa de los Sueños de Barbie una mala iniciativa.

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