A principios del mes de junio, dos prostitutas fueron
asesinadas en Bilbao. Han sido víctimas de un asesinato machista, pero su
muerte no se atribuirá a la violencia de género, ni su asesino será castigado
con una pena agravada. Desde la aprobación de la Ley integral contra la violencia de género únicamente se considera
violencia de género la que se produce en el ámbito familiar, y, aun así, no
toda. La página www.feminicidio.net recoge y
contabiliza como feminicidio los asesinatos de prostitutas. Entre los años 2010
y 2012 fueron asesinadas 19 mujeres que ejercían la prostitución, aunque podría
haber más casos, pues una prostituta es una mujer socialmente invisible. Su
muerte suele pasar inadvertida, su desaparición no se denuncia, la justicia no
se siente presionada por la sociedad para imponerle una pena ejemplar al
homicida, no se promueven concentraciones para manifestar la repulsa ciudadana,
los políticos no guardan un minuto de silencio por estas víctimas, los medios
no dedican tiempo a informar del asunto. La vida de una prostituta vale poco.
En el caso de Bilbao, es el presunto asesino, Juan Carlos
Aguilar, quien ha suscitado la atención mediática debido a su proyección
pública, las mujeres muertas “solo” eran prostitutas inmigrantes.
Que no se considere a las prostitutas víctimas de la
violencia de género, tiene graves consecuencias para ellas: les impide acceder
a la protección que se ofrece a estas víctimas, no pueden utilizar los recursos
que el Estado pone a su disposición, sus agresores no sufren un agravamiento de
las penas por sus crímenes.
¿Por qué una prostituta no pude denunciar maltrato y recibir
de las instituciones la misma consideración, apoyo y ayuda que otras mujeres? ¿Por
ser prostitutas se merecen cualquier cosa que les pase? ¿Una violación o una
paliza forman parte de su trabajo, son “accidentes laborales”?
Prostitución forzada, esclavitud sexual, violencia, abusos,
chantaje, explotación… La sociedad tolera y convive con estas situaciones
límite agravadas, en muchos casos, por el hecho de que la mujer es inmigrante
sin papeles, y el objetivo del Estado es expulsarla del país, no protegerla.
La lucha feminista debe incluir a todas estas mujeres y
conseguir para ellas un cambio social, sexual y cultural que promueva la
solidaridad y respeto hacia ellas. Esto incluye que la violencia que reciben se
califique, a todos los efectos, como violencia de género.

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