Durante más de tres años, he ido recopilando información
para realizar un estudio que tiene como título previsto: Heroínas, mujeres que sí dejan huella.
He entrevistado a 96 mujeres de entre 67 y 99 años, mujeres
que tienen en común haber sufrido la guerra y que se quedaron en la retaguardia
ayudando a cuidar de la familia, la casa, ocupándose de las labores del campo y de
los animales o trabajando mientras sus padres y hermanos luchaban y morían en
el frente. Mujeres de pueblo y de ciudad que pasaron las durísimas privaciones
que impuso la posguerra, que en muchos casos no pudieron acabar su etapa
escolar porque había necesidades más urgentes que atender. Son mujeres que no
se quejan, que mantienen la sonrisa puesta frente a la adversidad. Se trata de
mujeres luchadoras, fuertes, a las que ni la vejez doblega.
Todas estas mujeres me han enseñado, de todas ellas he
aprendido lecciones de humanidad, de superación, de supervivencia, de
abnegación, de generosidad…
Ayer di por concluida mi ronda de entrevistas con un grupo
de ancianas de la residencia La Inmaculada
de Zaragoza. A ellas, y a las demás admirables mujeres que siempre me
atendieron con cariño y ganas de colaborar, quiero agradecerles todo lo que me
han regalado: su tiempo, su memoria y su afecto.
Gracias, de corazón.

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