![]() |
| Nazanin Armanian. Foto: Julio Sánchez García |
La prohibición del aborto, el infanticidio, la
homosexualidad masculina, antaño formaba parte de las políticas pronatalistas
en unas sociedades cuya población se diezmaba por las guerras, enfermedades y
hambrunas. Que el islam y el judaísmo autoricen el aborto cuando el embarazo
pone en riesgo la vida de la madre, responde a un sencillo cálculo: una madre
salvada podrá dar más hijos al grupo, mientras el niño salvado, no tiene
garantizado sobrevivir más allá de los pocos años. Serían dos pérdidas. La
persecución a los homosexuales también ha tenido sus etapas. Por ejemplo, una
vez que el islam gobernó las tierras fértiles de Babilona, Persia o India,
toleró esta opción sexual. En el Irán del siglo XVI, existían “amard-jane”
(Casa de los “no-hombres”), burdeles públicos que, pagando impuestos, ofrecían
afecto y sexo a otros hombres. El tabú de la virginidad de las chicas,
aumentaba, sin duda, su clientela. Pertenecen a estas épocas cuando en el libro
de Mil y Una noches aparecen relatos de amor gay tanto masculino como
femenino.
La fijación por el control de los súbditos fieles era tal
que establecieron que un hombre antes se casaría con una viuda o divorciada
mayor que él, con varios hijos a su cargo que con una jovencita bella que haya
perdido su “inocencia”, infringiendo las normas y los “valores” de
obediencia y sumisión a los varones del poder. Se mitificó tanto la virginidad
de la mujer que en la figura de María, madre de Jesús, ella no solo desafía la
materialidad anatómica, sino permanece virgen (aunque sea en el sentido
metafórico) después del parto. ¿Saben cuántos crímenes de honor se cometen por
el ensalzamiento de tenencia de la dichosa membrana? Si el principal motivo de
salvaguardar la virginidad de las muchachas (y la prohibición del adulterio)
era asegurar la paternidad del hombre sobre su descendencia, la prueba de ADN
hoy se presenta como un golpe a las razones y normas defendidas por los
integristas.
. El dominio sobre la sexualidad de la persona, es dominar a
la persona. Pues, relacionar el sexo con la vergüenza, el pecado, la culpa le
convierte en un ser frágil, apta para ser manipulada y sometida.
Fragmento del artículo: De dioses y
genitales humanos
Autora: Nazanin
Armanian

Comentarios
Publicar un comentario
Cualquier opinión inteligente, relacionada con el tema de cada post y expresada con educación, será bien recibida. El resto, incluida la publicidad, se suprimirá.