El mandato de maternidad en la sociedad contemporánea sigue
siendo extremadamente poderoso, hasta el punto de que la emancipación de las
mujeres del siglo XXI pasa por lograr la paridad y la igualdad de oportunidades
y entre las reivindicaciones se integra el derecho inalienable a la maternidad,
de ahí que en las negociaciones laborales se luche por lograr unas condiciones
que permitan el buen desempeño de la función materna.
La cultura actual aún valoriza la maternidad y sustenta el
mito enaltecido en el ideario social de la mujer-madre. La investigación sobre
la esterilidad, los bancos de semen, las técnicas de inseminación artificial y
la tecnología reproductiva no dejan de progresar. La Iglesia católica rechaza
la sexualidad ajena a la reproducción, se opone al uso de métodos
anticonceptivos y condena el aborto equiparándolo a un crimen. El control sobre
el cuerpo de las mujeres sigue vigente y se opone a las reivindicaciones
feministas.
El mito de la maternidad como esencia de la mujer sirve para
organizar una sociedad que privilegia la división sexual del trabajo y le ha
servido al patriarcado para frenar la emancipación de la mujer, atándola al
hogar y al cuidado de los demás y reprimiendo su deseo de poder. La
transgresión de este mandato genera sentimiento de culpa y miedo a perder la
valoración y el afecto. Por suerte los mitos no son inmutables, se construyen
cultural e históricamente y de la misma forma pueden destruirse, porque la
maternidad no hace menos mujer a quien rehúse asumirla.

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