Pese a la crisis y las zancadillas continuas, el mundo
sigue girando, cambiando. Un proceso de evolución llamativo es el papel que
desarrolla la mujer en el ámbito económico. Su mejor nivel educativo y su
incorporación al mercado laboral han propiciado que durante las tres últimas
décadas las mujeres disfruten de cierta riqueza financiera. Pueden permitirse
ahorrar porque tienen ingresos propios, porque no dependen de un hombre y
porque, de media, viven más que los varones y heredan de su pareja.
Los informes anuales que realizan la consultora Capgemni y el banco RBC Wealth Management demuestran esta tendencia. En 2010, el 37 por
ciento de las personas de Estados Unidos que disponían de más de un millón de
dólares en activos financieros eran mujeres, en Japón la cantidad era de un 31
por ciento. Está previsto que en diez años las mujeres alcancen el 50 por
ciento.
Con un poder adquisitivo mayor, es probable que los
hábitos de consumo mundiales cambien. Las mujeres suelen valorar la salud y la
educación más que los hombres, también acostumbran a ser más ahorradoras y a no
correr riesgos, por lo que los mercados financieros se verán afectados por
estas decisiones.
El envejecimiento de la población creará en poco
tiempo una tercera edad feminizada. Los cambios serán graduales, pero
importantes. El ocaso del patriarcado económico será un hecho en breve y, en
consecuencia, el final de toda forma de patriarcado estará más cerca.

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