Se da la paradoja de que en el mundo occidental, donde,
supuestamente, las leyes permiten una igualdad entre hombres y mujeres y
existen las mismas oportunidades para ambos sexos, la educación que se imparte
durante la infancia es manifiestamente sexista.
La sección infantil de las tiendas de ropa está divididas en
dos secciones: niños y niñas. La ropa para bebé es de color azul o rosa. Los juguetes
son para niños o para niñas. Incluso son distintos los libros dirigidos a los
más pequeños. Para ellos: aventuras. Para ellas: hadas y princesas.
La literatura infantil puede y debe ser una herramienta
clave para trabajar la igualdad entre los sexos. Nada tendría que condicionar
la elección de una historia sino el gusto particular del niño o la niña que ha
de leerla. Sería una excelente forma de ir eliminando los clichés que luego condicionan
nuestra vida.
En Reino Unido, un grupo de padres y madres se han unido
para suprimir las diferencias de sexo en los libros infantiles. Su campaña, Let books be books (Permítamos que los libros sean libros) no para de recibir
firmas y ya ha conseguido que Waterstones,
la cadena más grande del Reino Unido, anuncie la retirada de las etiquetas de
género de sus expositores. También
editores, como Usborne, se
han comprometido a no editar libros con la designación "para niños o
niñas" en su portada.
El objetivo es que los libros tengan género neutro y sirvan
para que niños y niñas disfruten con las historias que se narran en ellos, sin
que el texto ayude a mantener los odiosos estereotipos que tanto está costando erradicar.

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