Las madres y los padres enseñan constantemente a sus hijos e
hijas qué hacer o no hacer, qué cosas son importantes y cuáles no lo son tanto,
cómo reaccionar ante determinadas cuestiones, cómo solventar ciertos problemas…
Es decir, están inculcando una forma de ser y de estar en el mundo que se
filtra por goteo y va dejando su marca. Los padres y madres tienen la enorme
responsabilidad de transmitir unos valores, unos ideales y unas intenciones
para que sus hijas e hijos se enfrenten al mundo que les rodea.
Quienes creen en la igualdad deben educar en el feminismo,
en la no distinción entre sexos. Las mujeres y los hombres padecemos
injusticias, desigualdad, violencia, abusos de todo tipo. Hemos creado una
sociedad inhumana en la que cuesta vivir con dignidad, sin ser pisoteado por el
sistema. Por eso resulta imprescindible erradicar los estereotipos que nos
inculcan desde que somos niños, por eso es responsabilidad de todos cimentar en
la familia principios que garanticen la igualdad, la de género y cualquier otro
tipo de igualdad.
Haber nacido varón no es impedimento para ser feminista. Los
hombres y las mujeres somos, ante todo, personas. Ser hombre o ser mujer es una
etiqueta sin significación real, olvidémosla. Se puede ser fuerte y sensible,
amante del fútbol o de las revistas de moda. El sexo no nos define, como no nos
define el coche que conducimos, la ropa que vestimos o el saldo de nuestra
cuenta corriente. Ser buena persona, tratar a los demás con educación y
respeto, mostrarse solidario con el prójimo, sí nos define y dice mucho de
nosotros en cuanto al tipo de individuo que somos.
Al constituir una familia hay que entender que existen muchas
formas de mantenerla y la económica solo es una de ellas. No hay que desatender
aspectos como el emocional, el psicológico, el pedagógico… Compartir es
primordial para que todos los miembros se involucren en la medida de sus
posibilidades para sacar ese proyecto de vida adelante. Las mujeres son capaces
de reparar un grifo que gotea y los hombres saben cambiar pañales y hacer la
colada. Da igual quién haga las cosas, lo importante es que se hagan desde la
paridad.
Si en la familia se suprimen las diferencias entre sexos,
poco a poco desaparecerán de la sociedad. Si la educación familiar incluye
lecciones de justicia igualdad y respeto hacia los otros, se podrá cambiar el
mundo.

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