«Y en definitiva, hijo, ¿sabes qué te digo? pues que si
estás decidido a casarte busques una mujer, joven, bonita, callada y limpia;
porque viejas, feas, chismosas y sucias todas llegan a serlo», Sacudimiento de mentecatos, Torres
Villarroel
Otras circunstancias
que conviene tener en cuenta antes de contraer matrimonio
…Supongamos dos enamorados que se casan a los veinticinco
años. Quince años después presentarán el siguiente cuadro: ella cuarenta años,
envejecida ya de cuerpo a causa de los partos, lactancias y los desvelos y
cuidados del hogar y de los hijos, envejecida y un poco agriada de espíritu por
las contrariedades inevitables de la vida, por las enfermedades, por los
disgustos –ponemos el ejemplo de matrimonio normal y corriente en que menudean
las alegrías y las penas- ha perdido ya hasta la facultad de concebir quizá, y
hasta en gran parte la coquetería y deseo de componerse que ha cedido a sus
hijas que empiezan a ser mujeres. Él en cambio, con la misma edad, está en el
apogeo de sus energías viriles, es la época en que tras varios años trabajando
empieza a adquirir un relativo bienestar y una posición considerada y
desahogada. Es decir que él empieza a vivir y ella ya ha vivido, ¿cuál es el
porvenir natural de este matrimonio? Pues el hombre buscará fuera lo que no encuentra
en su casa y la mujer sufrirá sin consuelo por su juventud perdida, por el
desvío de su esposo y por toda la injusticia de las cosas que la hacen víctima
sin culpa.
La noche de bodas
Normalmente, el hombre va al matrimonio después de haber
conocido mujer. Muchas veces habiendo conocido muchas y si esto puede disculpársele
en aquel momento, es sólo pensando que su anterior experiencia ha de servirle
para hacer llegar el amor de la mujer que se le entrega a los límites del goce
y de la felicidad soñada por la inocente y enamorada esposa. Piense el hombre
que para él nada hay nuevo en aquella noche a excepción del cuerpo virgen que
se le ofrece mientras que para ella es todo nuevo: las palabras que no son las
palabras que ha escuchado hasta entonces, los besos que no son como los que
haya podido recibir antes de la boca del novio por apasionados que hayan sido;
los primeros contactos íntimos; la lucha entre el pudor el cariño y el deber,
en fin, el acto mismo tan esperado que ha de abrir ante ella una nueva vida.
El adulterio
Recientemente el Código Penal español ha condenado la en
verdad abusiva libertad en virtud de la cual, el esposo que hallaba a su mujer
en adulterio podía matarla juntamente con su amante sin sufrir ninguna
represión legal ni social. Y en verdad que si el adulterio, sobre todo el de la
mujer es infame, primero por cuanto supone un engaño y una falsedad de las más
miserables y segundo por las consecuencias que respecto a la descendencia puede
tener, no es menos verdad que no hay ley moral alguna que autorice a un hombre
a quitar la vida a dos seres por una falta que puede castigarse con sanciones
adecuadas.
Extractos de «Higiene del Matrimonio», de J. B. Olavarrieta, 1940

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