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| Imagen: Maitena |
¿Qué engloba la categoría mujeres? ¿Cómo se construye la
identidad generalizada de mujer?
El dualismo hombre-mujer y su entramado de oposiciones jerárquicas,
dificulta la creación de un modelo feminista dentro del humanismo. Tratamos las
diferencias en términos peyorativos, representándolas negativamente. ¿Cómo
puede la mujer librarse de la carga negativa de su diferencia? ¿Deben crearse
las condiciones para que se den diferencias positivas?
La identidad femenina se construye desde un discurso que
postula la coherencia entre sexo:
biológico, constante, e invariable; género:
basado en el sexo y sexualidad: una
heterosexualidad obligatoria. El género es pues una creación que aparenta
coherencia porque necesita sostener una identidad sustancial constante y
formante.
Las normas socioculturales, a través de otras personas, nos
influyen, y así se conforma nuestro yo. Estas normas no nos moldean por entero,
pero tampoco tenemos la libertad suficiente para construirnos fuera de este discurso
y son un punto de referencia. La autocrítica y el cuestionamiento permanente
serán fundamentales, puesto que nuestra identidad no es estanca y rígida,
permite explorar y comprender otras realidades distintas.
La responsabilidad sobre la vida de cada mujer no es de los
hombres como colectivo culpable único. La mujer es sujeto, pensarla como sujeto
tiene consecuencias positivas para el feminismo, porque el sujeto es
fundamental para hacer una labor crítica de nuestro pensamiento ético y
político y adoptar una postura crítica.
La filosofía tradicional tiene una forma típica de pensar
oposicional que quizá debería cambiarse. Vivimos en la posmodernidad y en este
tiempo las diferencias proliferan con la misma celeridad que se cancelan,
porque se asimilan.
El individuo vive atrapado en una red de relaciones
simbólicas y sociales, de mayorías y de minorías que reivindican una posición
fija, a través de una política de identidad. El pensamiento feminista de la
diferencia sexual es un pensamiento no dialéctico que permite indagar el
carácter positivo de la diferencia.
El discurso falogocéntrico estipula qué es lo femenino y
establece una feminidad normativa. La construcción de un sujeto universal
conlleva el problema de la exclusión de otros individuos que nos se sienten
representados dentro de la categoría. Por eso convendría liberar la teoría y la
práctica feminista de categorías reguladoras universales y renovar el feminismo
sobre otras bases, pues la identidad de género es inestable, móvil y
fragmentada.
El feminismo debe coaligar
y abrirse a múltiples identidades que se configuran y se abandonan dependiendo
de los objetivos políticos que se persigan en cada momento.

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