Desde tiempo inmemorial, las mujeres han empleado toda clase de artilugios
para realzar sus pechos y lograr que su silueta resultase más seductora. De la fascia
de la antigua Roma al mastodeton de Creta, del dudou de la
dinastía de Ming china al kanchukas usado en la India en tiempos del rey
Harshavardhana, el sujetador ha sido un elemento básico en la vestimenta femenina
a lo largo de la historia.
En el siglo pasado, en 1907 y en 1912, la revista americana Vogue destacó la elegancia que aportaba
al sujetador a los contornos femeninos. Aunque ya era usado por las modelos, no
fue hasta 1914 cuando Mary Phelps-Jacobs patentó el primer sujetador. Se le
llamó Caresse Crosby, y consistía en
dos pañuelos de textura sedosa atados con cintas y una costura que se unió en
el centro. Tras siglos de corsetería firmemente atada, el desarrollo de esta
nueva forma de apoyo para el pecho ofrece una liberación física para las
mujeres, que debían seguir hasta entonces el referente del reloj de arena para diseñar
su cuerpo. Coco Chanel fue la pionera de la nueva tendencia para la figura, el
pecho no era un requisito para causar impacto. Así que entre 1920 y 1928 las
ventas de corsés cayeron un tercio, mientras los sostenes como el Symington side lacer, que aplanaba el
busto, se convirtió en tendencia de moda, creando la forma andrógina perfecta.
En 1929 la empresa Maidenform desarrolló
el sistema de copa, por el que cada talla de sujetador se determina por el peso
de la mama. Antes solo existían los formatos de sujetador pequeño, mediano o
grande. Esta nueva forma de medición ofrece la guarnición más cómoda y adecuada
y coincide con el desarrollo de un nuevo tipo de hilo elástico, el Dunlop químico llamado Lastex, que aporta flexibilidad. Con el
nuevo tejido elástico se posibilitó un novedoso diseño de copas separadas y se
añadió elevación al busto. Había nacido el sujetador tal y como hoy lo
conocemos. Además, su nueva forma significó que la mujer ya no necesitaba ayuda
para vestirse. Podían usar sujetador incluso las mujeres que no disponían de
una criada.
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Década de 1940
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La escasez de tela durante la Segunda Guerra Mundial alteró algo más que
el largo de las faldas. También el sujetador redujo el tejido empleado en su
confección. Usado por las mujeres en la fábrica y en el campo, estas piezas ofrecen
un soporte más firme y más práctico que las opciones anteriores y fueron
responsables de la silueta del sujetador torpedo, que, según se dijo, añadía
protección a las mujeres en las cadenas de producción. La empresa de ingeniería
aeroespacial Lockfitt Corporación aseguró
que eran sinónimo de patriotismo, «buen gusto, apoyo anatómico y moral».
La dura austeridad de los años cuarenta, dio paso, en la siguiente década,
al glamur de Hollywood. Estrellas como Lauren Bacall, Jayne Mansfield y Lana
Turner usaron unos sostenes cónicos, con cosido circular, que proporcionaban una
elevación contundente y, usados bajo los suéteres de lana, se pusieron de moda.
Con el desarrollo tecnológico aplicado a la tela, el sujetador podía
confeccionarse con nylon y ser más ligero y más atractivo que el de los años cuarenta.
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California, 1969
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Por los años 60, el sujetador se convierte en un símbolo de opresión, de
las restricciones impuestas a las mujeres. El lema: Quememos nuestros sujetadores, de las feministas, sale a la calle y
se convierte en pancarta y grito de libertad basado en la protesta contra el
certamen de Miss América de 1969, donde grupos feministas de Nueva York arrojaron
a un contenedor, situado a las puertas del lugar donde se celebraba la competición, pertrechos femeninos simbólicos: fregonas, sujetadores, incluso
pestañas postizas.
Fue también en la década de los sesenta cuando Rudi Gernreich desarrolló un
sujetador hecho de suave nilón, que proporcionaba a los pechos un aspecto
natural, y el polémico monokini, un traje de baño que deja los senos
descubiertos. Estos diseños se crearon en protesta contra los pechos uniformes
y acolchados de décadas anteriores, y fueron elogiados por mujeres como Peggy
Moffit o Twiggy. La era del amor libre promueve la libertad en todas las
esferas de la vida y liberar los pechos del sujetador formó parte de las
reivindicaciones.
En los años 70, Germaine Greer escribió en El eunuco femenino que
los «sujetadores son una invención absurda» y alguien llegó a quemar uno públicamente
en la plaza Sproul, en Berkeley, (California). En esta década se desarrolla el
sujetador deportivo, entonces llamado Jogbra.
Por aquel tiempo, la deportista Violette Morris se sometió a una mastectomía
voluntaria para progresar en su carrera. Hinda Miller, que inventó el Jogbra, dijo en unas declaraciones a la
cadena BBC5Live: «Habíamos visto
pezones sangrantes en las primeras carreras de 5 km. que empezaban a ser
populares en la década de 1970». El aumento de la práctica de deportes por parte
de las mujeres propició que surgieran prendas deportivas femeninas. Fuera de las
pistas de competición, los senos adquirieron un aspecto más pendular. En este
período, la silueta natural, que fue la tendencia en los años 60, se hallaba en
pleno apogeo.
En esas estábamos las mujeres cuando llegó la cantante Madonna para
revolucionarlo todo con un diseño de sujetador que servía tanto de ropa
interior como exterior. Fruto de la imaginación de Jean-Paul Gaultier el modelo
se convirtió en un icono que la diva lució en su gira mundial de 1990. El corsé
de satén rosa constituye una figura potente de la liberación sexual, un modelo
provocativo que se utiliza para romper estereotipos y demostrar que el corsé no
es intrínsecamente opresivo, puede ser algo sexy y sugestivo.
En los noventa conviven dos modelos distintos de mujer. Uno es natural y
andrógino, representado por la modelo Kate Moss. El otro es su opuesto, personalizado
por Eva Herzigova y su realzador Wonderbra.
El anuncio de Ellen Von Unwerth que muestra a una exuberante Herzigova
gracias a un sujetador con relleno, ha causado accidentes automovilísticos,
según cuentan. Podría parecer que ambos modelos muestran una polaridad en la
sexualidad femenina: puede elegirse entre ir cómoda o provocar las miradas
masculinas. Pero no es la ropa interior la que impone límites a la sexualidad
femenina, sino la cultura que la rodea, y, a las puertas de un nuevo milenio,
el sujetador estaba ahí, para respaldar las decisiones de la mujer.
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| Eva Herzigova y Kate Moss |



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