Los grupos conservadores de Rusia han propuesto que las
agresiones dentro de las familias se excluyan del código penal, eliminando el
derecho de las víctimas a presentar cargos. El Parlamento ruso intenta descriminalizar
la violencia domestica para mantener la «tradición de la autoridad parental». Con
la nueva ley, un hombre que agreda a su mujer será sancionado con una multa de
500 euros, 120 horas de trabajo social o un arresto de hasta 15 días. Los maltratadores
únicamente irán a prisión si golpean a la mujer más de una vez al año.
Esta iniciativa la ha presentado una mujer, diputada ultraconservadora
y presidenta de la Comisión de Asuntos de la Familia y la Mujer de la cámara: Elena
Mizulina. Mizulina no quiere que haya «personas encarceladas durante dos años y
etiquetadas como criminales simplemente por dar una torta». Mizulina basa sus
argumentos en que «en la cultura familiar rusa las relaciones padre-hijo se
construyen en torno al poder de la autoridad del padre. Las leyes deben apoyar
esa tradición familiar».
La Iglesia ortodoxa rusa está a favor de la reforma legal,
opina que es disculpable el castigo corporal si es «razonable y se hace con
amor» porque «es un derecho esencial dado por Dios a los padres».
Según las estadísticas del Gobierno, 36.000 mujeres son
agredidas por sus parejas cada año y 26.000 niños lo son por sus padres.

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