No nos metamos en eso

«Yo creo que los gobernantes debemos ser muy cautos a la hora de saber cuáles son nuestras competencias y cuáles no y, desde luego, no hay ninguna que sea igualar salarios […] No nos metamos en eso». Así respondía el presidente del Gobierno al periodista Carlos Alsina en Onda Cero cuando le preguntó si vería con buenos ojos que se sancione a las empresas que discriminan salarialmente a las mujeres. Mariano Rajoy se retrata.

Puede que Trump sí, aunque no me imagino a Macron, Merkel… u otro mandatario saliendo indemne de una declaración semejante. Pero esto es España, oigan, y a tragaderas no nos gana nadie.

La respuesta de Rajoy no tiene calificativo, viene a decir que la discriminación salarial de las mujeres no es asunto del Gobierno, que es cosa de las empresas. Y si los afectados fueran los gais, los gitanos o los negros, ¿también debería tolerarse la discriminación? ¿El Gobierno no tendría nada que decir? La brecha salarial no es de su incumbencia, pero la decisión de abortar sí debe regularla el Gobierno.

Rajoy no se cansa de decir que hay que cumplir la Ley, que todos los gobernantes deben someterse a ella, sin embargo, la discriminación salarial es legal, no importa.

La Constitución, el Estatuto de los Trabajadores, los tratados europeos proclaman la eliminación de las diferencias retributivas como un principio general de actuación de los poderes públicos. El primero que incumple estas normas es el Gobierno.

Mientras el Gobierno de Islandia obliga a las empresas de más de 25 trabajadores a hacer públicos los salarios de sus trabajadores y sanciona a las que no cumplan el principio de igualdad entre hombres y mujeres. Mientras en Alemania, para garantizar la igualdad, se ha aprobado una ley que permite a los trabajadores conocer los salarios que se pagan en su empresa y los criterios con que se establecen. Mientras los gobiernos europeos toman medidas de ese tipo, Rajoy teme violar la libertad de la empresa para hacer lo que más le convenga a sus intereses, sin preocuparse, en este caso, de las trabajadoras.

Lo triste y lamentable no es que Rajoy diga estas cosas; lo peor, lo inaceptable es que no pase nada.

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