Juana Rivas, el error de un juez

Isabel Celaá

Cuando la ministra portavoz Isabel Celaá habló a la prensa sobre la condena a Juana Rivas, dijo lo que toca decir siendo miembro del Gobierno: que acatas y respetas la decisión judicial, pero también añadió, con visible gesto de desagrado, que hay sentencias que «duelen más».

Creo que somos muchas las personas que nos hemos quedado mudas al saber que Juana Rivas ha sido condenada a cinco años de cárcel y a seis de pérdida de la patria potestad de sus hijos, más una indemnización a su expareja de 30.000 euros por daño moral y material y el pago de todas las costas del juicio. Antes nos habían asustado las palabras del juez Manuel Piñar al criticar a la Fiscalía por el «excesivo celo ideológico de proteger a la mujer», oponiéndose a la Ley Contra la Violencia de Género al considerar que hay un «excesivo celo ideológico de proteger a la mujer» y lo relacionó con «el principio de oportunidad que legislaciones autoritarias atribuían a fiscales […] y que estaban al servicio de Hitler o Stalin, aunque ninguno de los dos se atrevió a plasmarlo en leyes».

Luego hemos sabido de los antecedentes del juez Piñar. Hace unos años dictó una sentencia que rebajaba la indemnización que pidió una joven tras un accidente, aduciendo que la cicatriz, en una chica tan atractiva, podía ser un aliciente sexual. Dijo que los muslos son una parte del cuerpo que las mujeres no enseñan sino en traje de baño o en circunstancias tan íntimas que no te fijas en los detalles. Sin comentarios.

Hoy hemos conocido que Manuel Piñar plagió las conclusiones de otro magistrado sobre otro caso y borró sin éxito las partes que ponen en cuestión su sentencia. Los párrafos borrados hacen referencia a un fallo de la Audiencia Nacional que establece que el progenitor denunciado por sustracción de menores no puede ser sujeto activo del delito si tiene la custodia de los hijos. Este detalle es de primordial relevancia, pues Juana Rivas tenía la custodia de los menores. 

Lo grave es que un hombre que piensa y actúa como Manuel Piñar tenga autoridad para juzgar. Y Juana Rivas ha tenido la mala suerte de que sea este juez quien se ocupe de su caso. Porque la ¿justicia? impartida por el magistrado abre heridas y subraya la vulnerabilidad de las mujeres ante determinadas sentencias.


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