Patronato de Protección a la Mujer


Durante el periodo comprendido entre 1941 y 1985, miles de mujeres de 16 a 25 años fueron encerradas en centros de religiosas de toda España y custodiadas por el Patronato de Protección a la Mujer, una institución que velaba por la moral femenina. Estos «colegios» eran reformatorios encargados de reconducir al buen camino a las jóvenes descarriadas.

Las denunciaban sus propios familiares, podía denunciarlas cualquiera con ideología fascista o actuaba la justicia de oficio. A estas mujeres se las condenaba sin juicio y se las recluía bajo la tutela del Patronato. De esto hemos sabido tras el fin de la dictadura, cuando se cerraron estos centros y las jóvenes allí encerradas se atrevieron a hablar.

Embarazadas, rebeldes, independientes, prostitutas, violadas… Fumar, bailar agarrado, besarse en público, desobedecer a los padres, vestir ropa «impúdica», ser pobre, llegar tarde a casa, no rezar… Cualquier mujer que no se ajustase al patrón de moral cristiana que impuso la dictadura era susceptible de acabar en estas cárceles, cuya misión era «rehabilitar» mediante la acción de la Justicia. La institución se estructuraba por medio de Juntas Provinciales, había al menos una por provincia, y anualmente se redactaba una memoria sobre el «estado de la moralidad» de cada región.

Al llegar al Patronato, todas las mujeres eran sometidas a una comprobación de su virginidad, luego se hacía constar en la ficha personal si estaba «completa o incompleta». Se observaba su comportamiento durante la primera semana y luego se destinaban al centro más adecuado para ser reeducadas. En estos centros, pertenecientes al menos a  siete órdenes religiosas, la mayoría de edad pasaba de ser de los 21 a los 25 años. Las chicas más rebeldes que se resistían a aceptar su injusta situación o que sufrían depresión, eran trasladadas a manicomios.

El funcionamiento de los centros era distinto. En unos solo se rezaba y se realizaban tareas de limpieza. En otros, se explotaba laboralmente a las internas, que trabajaban gratis cosiendo ajuares para las familias ricas o para empresas como El Corte Inglés, y montaban envases para algunas firmas, entre ellas Tang o Pinaud. Las mujeres no cobraban por su trabajo, pero el centro recibía 2.000 pesetas por interna y día en los años 70.

Todavía hoy, la figura del Patronato de Protección a la Mujer sigue sin investigarse a fondo. Casi no hay documentación, pues se destruyó en gran parte, y tampoco hay interés por saber qué pasaba en aquellos reformatorios. Todas esas mujeres han quedado invisibilizadas y ni siquiera se las ha incluido en la Ley de Memoria Histórica.

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