...Es
un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus
derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio
también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser
humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no
deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento
francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución
que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España
existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del
principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del
principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el
derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio.

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