El Día de la
Madre se ha convertido con los años en una estrategia más de
mercadotecnia que emplean las empresas para vender sus productos u ofrecer
servicios. Pero los orígenes de la festividad se remontan a la Antigüedad. En Grecia se homenajeaba a Rea, madre
de los dioses Zeus, Poseidón y
Hades. El cristianismo quiso aprovechar esta celebración
para venerar a la Virgen María, madre de Jesús.
En 1873, mujeres estadounidenses de 18 ciudades organizaron
una reunión especial con motivo del día de las madres. El 12 de mayo de 1907,
la activista social y defensora de los derechos de las mujeres trabajadoras, Ana
Jarvis, quiso conmemorar el fallecimiento de su progenitora y estableció una
fecha para recordarla a ella y también a todas las madres de Estados Unidos. Poco
a poco su iniciativa se fue extendiendo por todo el país, hasta que el
presidente Woodrow Wilson, en 1914, declaró que el Día de la Madre se celebrase
cada segundo domingo de mayo, una tradición que han adoptado muchos países.
Anna Jarvis no podía imaginar que lo que ella concibió como
un tributo a las labores y cuidados
maternos y, en especial, al trabajo de su propia madre, adquiriría un
carácter comercial que superaba con mucho el obsequio de unos claveles blancos,
flor que ella utilizó para reivindicar la fecha. Al advertir cómo degeneraba su
idea, convertida en negocio por algunos comercios, Anna Jarvis se arrepintió de
haber promulgado el Día de la Madre e intentó que los hijos e hijas dejasen de
comprar flores, tarjetas o dulces para sus madres con motivo de la celebración
de este día.
Jarvis acabó enfrentándose a quienes favorecían un uso
capitalista de la festividad y según recoge el diario Baltimore Sun fue detenida en 1925 por participar en un boicot contra
unos confiteros de Filadelfia.

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