¿Qué nos jugamos en esta crisis? Está claro que nos va la
vida y está claro que existe un sistema económico que la vulnera y precariza.
La crisis deja al descubierto carencias creadas por una lógica
mercantil cruel.
Desde diferentes ámbitos se trabaja para «volver a la
normalidad», a lo de antes, al instante previo al comienzo de la pandemia que
asola al mundo, cuando lo que deberíamos hacer es justo lo contrario: mutar,
transformarnos, poner el foco en la vida, no en el dinero.
Estamos viendo cómo el capitalismo intensifica las
injusticias y causa desequilibrios. ¿Quién pagará estos platos rotos? ¿Sobre
quién recae especialmente la crisis? Sobre los trabajadores precarios y sobre las
mujeres. Sobre las personas más débiles. Sobre los de siempre. Sobre las
empresas con menos capacidad para resistir la falta de actividad, que son las
medianas y las pequeñas. Sobre los trabajadores que no pueden recurrir al teletrabajo,
como los que desarrollan su actividad en el sector del turismo y los servicios, y las cuidadoras (en femenino, pues el cuidado
recae mayoritariamente en las mujeres), que deben seguir trabajando,
trasladándose y poniendo en riesgo su salud y sus vidas.
Una vez más serán las mujeres, los cuerpos de las mujeres,
los que soportarán la carga más pesada. Su labor de cuidadoras, invisible y
subestimada; su situación de peligro, encerradas y expuestas a la violencia; su empleo
precario, con menor salario…, coloca a las mujeres en una situación
insostenible.
Pero las mujeres siempre hemos desarrollado resistencias,
redes de solidaridad, recursos ante la emergencia. Estas cualidades están
inscritas en nuestro ADN. Por eso encontramos nuevas formas de protesta, maneras
de ayudar y asistir, pedimos y ofrecemos apoyo a las vecinas y amigas,
generamos fondos solidarios de contingencia, nos defendemos de la crisis y
proponemos nuevas estrategias.
El capitalismo nos ha traído al desastre. Mientras las
empresas buscan beneficiarse de la crisis, las personas nos centramos en la
subsistencia. La cuarentena nos obliga a interrelacionarnos, tejiendo,
interconectándonos para encontrar un sistema económico que priorice la salud, el
cuidado y la ecología, y finiquite este régimen despótico que fomenta la
desigualdad y la quiebra social.

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