Prevenir la violencia desde la infancia



Cuando los peques se pelean, los adultos proponen como remedio para zanjar el asunto pedir perdón, darse un besito y volver a ser amigos. Si la criatura ofendida se niega a esa solución, se le insiste en que no hay que ser una persona rencorosa, que hay que ser amigos y que el agresor ya se ha disculpado, ¿qué más puede hacer?

Estudios científicos evidencian los resultados de la intervención adulta y si contribuye o no a la socialización preventiva de la violencia de género. Cuando no nos atrevemos a aislar al agresor porque pensamos que lo es debido a su baja autoestima o a ciertos problemas, estamos justificando su violencia. Cuando advertimos varias veces a las niñas y niños antes de actuar, consentimos que se produzca la violencia ese número de veces. Cuando toleramos agresiones porque creemos que los niños son más brutos que las niñas, normalizamos conductas que deberíamos impedir. Cuando animamos a los pequeños a resolver los conflictos por sí mismos sin dotarles de estrategias para hacerlo, estamos cometiendo un error.

Escuchando y respaldando a quien necesita ayuda, separamos al agresor del grupo hasta que sea consciente de que debe tratar bien a todo el mundo. Animando a tener amistad con quien nos trata bien y no nos agrede de palabra u obra, empoderamos a las niñas para que no toleren ningún exceso. Se trata de fomentar diálogo y la amistad. Se trata de erradicar la violencia.

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