Ya se sabe, la publicidad intenta persuadirnos para que
compremos un producto, pero a veces el mensaje para lograrlo falla y hay
campañas que la dejan a una confusa. Es lo que me ha ocurrido con el spot de
«Tampax» que forma parte de la campaña «Cambia las reglas». Se presenta al
público un estudio televisivo que emite un programa en directo. Dos mujeres
jóvenes se hallan sentadas en sillones semi enfrentados, una es la actriz Belén
Cuesta, a la otra no la conozco. Se supone que tras una pausa publicitaria se
reanuda la emisión del programa. «Bueno, estamos de vuelta y estamos
fenomenal…», dice Belén Cuesta. La otra chica pone cara de sufrimiento y se
remueve inquieta en el asiento. «...menos tú. ¿Qué te pasa?», se preocupa Belén
Cuesta. La chica responde: «El tampón». Lo dice en la tele, en directo, a
bocajarro. La presentadora intuye: «A lo mejor es no te lo has puesto bien». Tal
vez yo soy rara, pero no es el tipo de conversación que me apetece escuchar
cuando veo un programa televisivo. Me parece un diálogo forzado, más propio y
adecuado para otro contexto. No hay por qué ocultar que tienes la regla, pero
tampoco es cuestión de pregonarlo ante millones de espectadores a los que poco o
nada les importa esta circunstancia. ¿Tiene que enterarse todo el mundo de que
llevas mal colocado el tampón? ¿Alguien se imagina que un presentador, en mitad
de un informativo, nos suelta que le duelen las almorranas? Me parece el
enésimo anuncio fallido referido a esta cuestión.
Los fabricantes de compresas y tampones no suelen atinar con
sus planteamientos, nos han ofrecido anuncios de nubes; de chicas vestidas
de blanco bailando felices; un misterioso líquido azul; unas perlas activas que
capturan, neutralizan y por fin eliminan el olor… Todo menos hablar de manera
abierta y acertada de la menstruación, que sigue siendo para muchos un tabú.
En la Edad Media se
extendió la teoría de que la sangre menstrual era un fluido tóxico y que el
sangrado se producía porque el cuerpo femenino intentaba expulsar el veneno.
Por ende, la mujer era un ser venenoso que podía corroer metales, arrasar
cosechas, oscurecer el marfil, volver rabiosos a los perros y, si un
hombre mantenía relaciones sexuales con una mujer durante este periodo, corría
el riesgo de morir envenenado. Estos
mitos perduraron en la sociedad occidental y fueron una verdad incontestable durante
siglos, pero estamos en el siglo XXI. ¿No es hora de normalizar, de una
vez por todas, algo tan natural como la menstruación? ¿No hay una táctica más
idónea para publicitar los productos de higiene íntima?
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